Por primera vez, los científicos han documentado que una vaca, apodada Veronika, utiliza deliberadamente una herramienta para resolver un problema, lo que marca un cambio significativo en nuestra comprensión de la inteligencia del ganado. Se ha observado al animal de granja austriaco seleccionando ramas y usándolas para rascarse áreas difíciles de alcanzar en su cuerpo, aliviando la irritación.
Un gran avance en la cognición animal
Hasta ahora, el uso constante de herramientas se consideraba exclusivo de primates, determinadas aves y mamíferos marinos. El comportamiento de Veronika cuestiona esta suposición, sugiriendo que las capacidades cognitivas del ganado pueden haber sido drásticamente subestimadas. La habilidad de la vaca no consiste sólo en rascarse; adapta su técnica basándose en la textura del objeto y la parte del cuerpo a la que apunta, mostrando un nivel de toma de decisiones nunca antes observado en el ganado.
Cómo aprendió Veronika
Los investigadores enfatizan que las habilidades de Veronika probablemente se desarrollaron debido a su entorno único: una granja espaciosa y estimulante con muchos objetos manipulables. A diferencia de la mayoría del ganado criado comercialmente, Veronika ha pasado su vida en un espacio que fomenta la exploración y la resolución de problemas. Los científicos ahora están buscando activamente evidencia adicional del uso de herramientas en otras poblaciones de ganado para determinar si este comportamiento es generalizado o es un caso aislado.
Por qué esto es importante
El descubrimiento destaca el poder de los factores ambientales en la configuración de la inteligencia animal. Si bien la tarea en sí (rascar) puede parecer simple, demuestra la capacidad de resolución flexible de problemas más allá de los supuestos tradicionales sobre el ganado. Como explica Miquel Llorente, psicólogo cognitivo, este es un ejemplo de evolución convergente, donde la inteligencia surge de forma independiente en diferentes especies que enfrentan desafíos similares.
“Encontrar el uso de herramientas en una vaca es un ejemplo fascinante de evolución convergente: la inteligencia surge como respuesta a problemas similares, por muy diferente que sea el ‘diseño’ del animal”, afirma Llorente.
Este hallazgo no se refiere sólo a las vacas; Plantea preguntas fundamentales sobre cómo medimos la inteligencia entre especies y qué condiciones desbloquean el potencial cognitivo en los animales. También subraya la importancia de considerar estándares de bienestar animal que prioricen la estimulación mental además de la salud física.
En última instancia, el ingenio de Veronika nos recuerda que la inteligencia existe en un espectro y que nuestra comprensión de ella sigue siendo incompleta. Será crucial realizar más investigaciones para determinar si sus habilidades son únicas o reflejan una capacidad oculta en el ganado que se ha pasado por alto durante demasiado tiempo.
