Los acontecimientos recientes en Minneapolis, incluida la muerte de dos manifestantes a manos de agentes federales, están exponiendo una crisis más profunda: el colapso de una comprensión compartida de la verdad en la era digital. A diferencia de los disturbios de 2020 tras la muerte de George Floyd, la situación actual se ve amplificada por los rápidos avances tecnológicos y la desconfianza generalizada en las instituciones.
El auge de la desinformación
El panorama de Internet ha cambiado drásticamente en sólo seis años. Las herramientas de inteligencia artificial (IA), que no existían en el uso generalizado en 2020, ahora son omnipresentes. La moderación de las redes sociales se ha debilitado, lo que permite que la información errónea se difunda más libremente. Los influencers que alguna vez operaron en la oscuridad ahora prosperan en las principales plataformas, a veces incluso promovidos por figuras en posiciones de poder.
Caos después de los tiroteos
Tras los tiroteos de Renee Good y Alex Pretti, una ola de contenido manipulado inundó Internet. Circularon falsificaciones de las víctimas generadas por IA, videos auténticos fueron recibidos con escepticismo e incluso un senador estadounidense presentó una imagen manipulada como evidencia. El propio gobierno federal difundió materiales alterados y apoyó afirmaciones demostrablemente falsas.
No se trata sólo de incidentes aislados: es un colapso sistémico donde la verdad ya no es un ancla confiable.
La erosión de la confianza y el futuro del consenso
Los expertos advierten que los estadounidenses son cada vez más incapaces de distinguir entre realidad y ficción, y muchos pierden interés en hacerlo. La constante circulación de información en línea oscurece los puntos de referencia compartidos, lo que dificulta la creación de consenso. Esto plantea una amenaza fundamental a los procesos democráticos, que dependen de un público capaz de entablar un debate racional basado en hechos comunes.
Las implicaciones son claras: Estados Unidos puede estar experimentando un cambio permanente en su relación con la realidad. Esto desafía la base misma de la gobernanza informada y la acción colectiva, ya que una sociedad no puede funcionar eficazmente sin una base de verdad verificable. La erosión de la confianza no es sólo un problema político; es existencial.
