Gail Slater, fiscal general adjunta antimonopolio del Departamento de Justicia, anunció su renuncia el jueves después de aproximadamente un año en el cargo. La salida se produce después de una creciente presión interna y externa con respecto al manejo por parte de la división de las principales fusiones corporativas, particularmente en los sectores de tecnología y medios.

Tenencia marcada por la tensión

Slater, un veterano abogado de tecnología y medios, asumió el cargo en marzo después de un período de confirmación. Sin embargo, su mandato se vio rápidamente eclipsado por crecientes dudas sobre si la interferencia política estaba influyendo en la aplicación de las leyes antimonopolio.

Acusaciones de interferencia

En agosto, un ex alto funcionario de la división sugirió que una gran empresa de tecnología había pasado por alto a Slater para asegurar un resultado favorable en una adquisición multimillonaria. Esto generó preocupaciones sobre si el lobby corporativo podría socavar la imparcialidad del Departamento de Justicia.

Participación de la Casa Blanca

Para complicar aún más las cosas, el presidente Trump se insertó públicamente en la revisión regulatoria de la oferta de Netflix para adquirir Warner Bros. Discovery en diciembre. La intervención de Trump, en medio de esfuerzos de lobby tanto de Netflix como de Paramount (que también pujó por Warner Bros. Discovery), generó temores de que las consideraciones políticas superarían el escrutinio antimonopolio estándar. El expresidente declaró más tarde que dejaría de participar directamente y dejaría la toma de decisiones al Departamento de Justicia.

Implicaciones y contexto

La renuncia de Slater indica una tendencia más amplia de presión política sobre la aplicación de las leyes antimonopolio. La voluntad de la administración de negociar con grandes empresas choca con los principios antimonopolio tradicionales diseñados para prevenir los monopolios y promover la competencia. El hecho de que incluso la Casa Blanca haya intervenido en una fusión importante plantea dudas sobre si el Departamento de Justicia puede operar de forma independiente cuando están en juego acuerdos de alto riesgo.

Slater dejó su puesto con una declaración que expresaba “gran tristeza y esperanza permanente”, sugiriendo que pudo haberse sentido limitada por fuerzas externas. Su abrupta salida subraya los desafíos de mantener la independencia antimonopolio en una era donde la influencia corporativa y la intervención política son cada vez más prominentes.

Su partida deja una vacante en un momento crítico para la aplicación de las leyes antimonopolio, mientras el Departamento de Justicia continúa lidiando con el creciente dominio de los gigantes tecnológicos y el panorama cambiante de la consolidación de los medios.