La administración Trump amplió sistemáticamente su agenda de control de la inmigración más allá del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), recurriendo a agencias de todo el gobierno federal para rastrear, vigilar y restringir los servicios para los inmigrantes. Este esfuerzo, impulsado por directivas políticas e iniciativas agresivas de intercambio de datos, ha remodelado las funciones de agencias que antes no participaban en la aplicación de la ley de inmigración.
Financiamiento y expansión de la aplicación de la ley
La administración obtuvo fondos sin precedentes para el DHS a través de la Ley One Big Beautiful Bill, asignando casi $80 mil millones, de los cuales $45 mil millones se destinaron al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Esta afluencia permitió a ICE duplicar su fuerza laboral, agregando 12.000 agentes. Sin embargo, la represión se extendió mucho más allá del DHS.
Intercambio de datos y vigilancia
El DHS creó una base de datos para rastrear a los inmigrantes, obteniendo información confidencial de la Administración del Seguro Social (SSA), el Servicio de Impuestos Internos (IRS) y datos de votación a nivel estatal. La Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) actualizó la guía de subvenciones federales, amenazando con recortes de fondos a los estados o a las organizaciones sin fines de lucro si el dinero se utilizaba para “facilitar” la inmigración ilegal. Las revisiones de la OMB incluyeron un lenguaje vago que podría penalizar el apoyo incluso a los hijos de inmigrantes indocumentados que son ciudadanos estadounidenses, lo que genera preocupaciones sobre una aplicación arbitraria de la ley.
Vivienda y Servicios Sociales
El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) se centró en los “hogares de estatus mixto”, exigiendo una nueva verificación del estatus migratorio de todos los residentes en viviendas públicas. HUD instruyó a las autoridades locales a reportar a los residentes indocumentados al DHS, cruzando datos con el sistema de Verificación Sistemática de Derechos de Extranjeros (SAVE) de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de EE. UU. La agencia propuso una regla para prohibir que las familias de estatus mixto reciban beneficios federales, citando “fraude” en hogares asistidos sin evidencia clara.
Restricciones de beneficios y seguridad social
La SSA detuvo la emisión automática de números de seguro social para inmigrantes legales, requiriendo verificación en persona. Miles de inmigrantes fueron desactivados en el “archivo maestro de muertes” de la agencia, cortándoles el acceso a beneficios y empleo. En 2025, se rescindió el procesamiento de ciudadanía acelerado para los solicitantes de Ingreso de Seguridad Suplementario (SSI), lo que afectó desproporcionadamente a los refugiados y a las víctimas de trata de personas. A los empleados de algunas oficinas de la SSA se les pidió que compartieran los detalles de la cita con ICE.
Trabajo, Salud y Agricultura
El Departamento de Trabajo (DOL) investigó empresas que emplean inmigrantes, centrándose en violaciones salariales y programas de visas H1-B. Los Servicios Humanos y de Salud (HHS) compartieron datos de Medicare y Medicaid con el DHS y el ICE, lo que generó preocupación entre los médicos sobre disuadir a los pacientes inmigrantes de buscar atención. El USDA restringió los beneficios SNAP para refugiados, inmigrantes especiales y sobrevivientes de trata.
Expansión física de la aplicación de la ley
La Administración de Servicios Generales (GSA) ayudó a ICE a ampliar sus instalaciones cerca de escuelas, lugares de culto e instalaciones de atención médica. El IRS compartió información de los contribuyentes con el DHS en virtud de un controvertido memorando de entendimiento, a pesar de los desafíos legales. La Administración de Pequeñas Empresas (SBA) prohibió efectivamente a los no ciudadanos acceder a préstamos de la SBA.
Conclusión: Las políticas de inmigración de la administración Trump se transformaron en una operación radical que abarcó a todo el gobierno. Al aprovechar las agencias existentes y explotar regulaciones vagas, la administración desdibujó las líneas entre la aplicación de la ley de inmigración y las funciones federales de rutina, lo que generó preocupaciones sobre las libertades civiles, el debido proceso y la integridad de los servicios gubernamentales.























