Si pasa por delante de cualquier edificio de oficinas moderno o conduce por una autopista suburbana, probablemente esté viendo los resultados de una estrategia corporativa que comenzó hace casi 400 años. Saint-Gobain no es un conglomerado industrial más. Es una marca heredada que ha sobrevivido a guerras, nacionalizaciones y mareas económicas cambiantes al redefinir constantemente lo que vende. Hoy en día, la empresa es uno de los principales fabricantes y distribuidores franceses de materiales de construcción, embalajes y contenedores. Pero su ADN todavía está profundamente arraigado en sus orígenes como proveedor de vidrio real.

La historia comienza en 1665. El rey Luis XIV fundó la Manufacture Royale de Glace, o la “Real Fábrica de Vidrio de Espejo”. En 1692, la corona lo había hecho oficial: Saint-Gobain era el fabricante de vidrio real. Este monopolio le dio a la empresa un nivel de estabilidad y prestigio que pocas startups modernas pueden reclamar. Pero no se detuvieron ante los espejos. A medida que crecía la demanda industrial, Saint-Gobain se expandió hacia las industrias francesas de fertilizantes químicos y álcalis. Desarrollaron procesos químicos críticos que involucran soda y cloro.

La fusión de 1970 que definió la entidad moderna

La empresa que hoy conocemos realmente tomó forma en 1970. Ese año, Saint-Gobain se fusionó con Pont-à-Mousson. Fundada en 1856, Pont-à-Mousson se había ganado una reputación por producir arrabio y fundiciones de hierro. Cuando se produjo la fusión, ya eran líderes en la metalurgia y el sector de la construcción.

Esta fusión fue estratégica. Combinó la experiencia de Saint-Gobain en vidrio y productos químicos con la fuerza industrial de Pont-à-Mousson en metales. Juntos, crearon una potencia industrial diversificada. Sin embargo, el panorama económico global de la década de 1970 estaba cambiando. Las crisis energéticas y las cambiantes demandas del mercado obligaron a dar un giro brusco.

Eliminación de productos químicos para aislamiento

A finales de los años 1970, Saint-Gobain dio un paso decisivo: se deshizo de sus participaciones en empresas químicas y energéticas. La atención se centró directamente en vidrio, fibra de vidrio y aislamiento. Este fue un retroceso de la industria pesada hacia materiales de construcción más especializados.

Durante este período, la empresa también se sumergió en la tecnología. Adquirió una participación importante en Olivetti & Co., SpA, un fabricante italiano de máquinas de oficina y sistemas de información empresarial. Pero esto duró poco. En 1982 y 1983, Saint-Gobain vendió esas participaciones tecnológicas. ¿La razón? El gobierno francés nacionalizó la empresa en 1983. El Estado la conservó hasta que en 1986 comenzaron los pasos hacia la reprivatización.

Expansión a los mercados americanos

Una vez que comenzó la reprivatización, la empresa miró hacia el sur. El mercado estadounidense representaba un enorme potencial de crecimiento para los materiales de construcción. En 1988, Saint-Gobain compró CertainTeed, un importante fabricante estadounidense de aislamientos. No se trataba sólo de comprar una marca; se trataba de asegurar un punto de apoyo en la cadena de suministro de la construcción de América del Norte.

La expansión continuó hasta mediados de los años 1990. En 1995, la empresa adquirió participaciones mayoritarias en dos fabricantes de vidrio estadounidenses: Ball y Foster Forbes. Estas adquisiciones reforzaron la posición de Saint-Gobain en el sector del vidrio.