Daimler AG se erige como un titán en la fabricación de automóviles alemana, pero su historia son en realidad dos viejas historias unidas. Su linaje se remonta a las empresas fundadas por Gottlieb Daimler y Karl Benz. Se fusionaron en 1926. Esa unión creó la columna vertebral de lo que se convertiría en uno de los nombres más reconocibles en la carretera.
El automóvil de lujo Mercedes-Benz se lanzó en 1901. No era sólo un producto. Se convirtió en el motor del éxito financiero de la empresa. Sin esa temprana victoria, el resto del imperio luce muy diferente.
En 1998, la estrategia pasó del crecimiento orgánico a una consolidación agresiva. Daimler-Benz se fusionó con el fabricante de automóviles estadounidense Chrysler Corp. El resultado fue DaimlerChrysler AG. Esta nueva entidad no sólo vendía sedanes. Fabricaba una amplia gama de vehículos, incluidos turismos, camiones y vehículos comerciales.
La cartera de marcas reflejaba esta ambición global. Podría encontrar Mercedes, Dodge, Chrysler y Jeep bajo un mismo paraguas corporativo. Fue un intento de dominar todos los segmentos, desde el lujo hasta el presupuesto.
Pero el matrimonio no duró. El choque cultural y operativo entre la precisión de la ingeniería alemana y las estrategias de ventas estadounidenses resultó demasiado difícil de gestionar. En 2007, DaimlerChrysler vendió una participación mayoritaria en su filial Chrysler a una firma de capital privado estadounidense. El acuerdo marcó el final de una era. Obligó a Daimler a volver a centrarse en sus principales marcas de vehículos comerciales y de lujo.












